miércoles, 4 de diciembre de 2013

Lactuca sativa

Envidia, no endivia, de su ser verde y abrazado en hojas, protegiéndose el cogollo sin ningún fin.
Envidia de su ser vivir sin sentido del peligro, sin la ansiedad anticipatoria de lo porvenir, dejándose devorar sin remedio bien aliñada con aceite de sus vecinas verdes olivas y un poco de vinagre de jerez, con poca sal. No sufre en la mordida, se disuelve en ácidos estomacales y sin rezar ni funerales ni pompa ni circunstancia se transforma en otra cosa, no le importa, está sin bautizar, ni tampoco irá al cielo o al infierno, ni hará guerras por su dios verdadero contra el falso de los otros. Envidia de su saber ser y crecer sin propósito, sin espejos ni nóminas. Ella pertenece a la tierra donde nace y vive y no necesita asegurar ante notario que esa parcela es suya y hereditaria.

Como lechuga quiero ser. Amén.

7 comentarios:

Sun Iou Miou dijo...

Tenías que haber puesto un cocido, o por lo menos una sopa. Con este frío no mola identificarse con la lechuga.

Esperanza dijo...

Jo, cómo está el patio, digo, la huerta.

Anónimo dijo...

Sun , yo tan lírica y usted me trunca.
Viva el cocido a la madrileña!!!

Anónimo dijo...

Esperanza, es por culpa de los villancicos.

Anónimo dijo...

Pues yo diría lo mismo de la aceituna de Álora, de un verde mate y un sabor como el que yo no conocía. Como dicen por la zona malagueña..."las aloreñas", así se llaman en aquel punto del Mediterráneo. ¡Qué ricas!
Ella, hay que organizarse un día e ir a comprobarlo "in situ" Ya verás cómo tengo razón. Besinos a todos. Minervina.

ella dijo...

Cuando pase esta racha de vientos obligatorios nos vamos a probar las aloreñas Minervina.

ella dijo...
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